lunes, 11 de enero de 2016

El Señor se ha complacido en ti (Is 62,1-5)

2º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura
1 Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré
hasta que su justicia despunte como la aurora,
y su salvación arda como una antorcha.
2 Las naciones verán tu justicia,
y todos los reyes, tu gloria;
te llamarán con un nombre nuevo,
que pronunciará la boca del Señor.
3 Serás corona gloriosa en la mano del Señor,
diadema real en la palma de tu Dios.
4 Ya no te dirán más: «Abandonada»,
ni de tu tierra dirán ya: «Desolada»,
sino que te llamarán: «Mi-delicia-está-en-ella»,
y a tu tierra: «Desposada»,
porque el Señor se ha complacido en ti,
y tu tierra tendrá esposo.
5 Como un joven se desposa con una virgen,
contigo se desposará tu constructor,
y como se alegra el novio con la novia
se deleitará en ti el Señor.
y su premio va por delante.
La ciudad nueva de Jerusalén es ahora mencionada expresamente e identificada con Sión (v. 1). Será exaltada en este nuevo himno puesto en boca del profeta, que juega poéticamente con los sobrenombres que recibe en el marco de la imagen esponsal tantas veces repetida en los profetas desde Oseas.
Estor primeros versos, dirigidos a la ciudad, van señalando la novedad de la situación que se espera al hilo de los apelativos que se le dan: ya nadie se sentirá desamparado ni solo, porque Dios ha mostrado con Jerusalén la ternura de un enamorado —la llama «Mi delicia»— y el amor eficaz de un esposo —«Desposada»— (v. 4). A continuación, los beneficios de esta alianza esponsal están reflejados, como en Oseas (cfr Os 2,11-15), en las metáforas de cosechas abundantes (vv. 8-9).