lunes, 11 de abril de 2016

Nos dirigimos a los gentiles (Hch 13,14.43-52)


Domingo 4º de Pascua – C. 1ª lectura
14 Pablo y Bernabé siguieron desde Perge y llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
43 Terminada la reunión, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, que les exhortaban y persuadían a permanecer en la gracia de Dios.
44 El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para oír la palabra del Señor. 45 Cuando los judíos vieron la muchedumbre se llenaron de envidia y contradecían con injurias las afirmaciones de Pablo. 46 Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía:
—Era necesario anunciaros en primer lugar a vosotros la palabra de Dios, pero ya que la rechazáis y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles. 47 Pues así nos lo mandó el Señor:
Te he puesto como luz de los gentiles,
para que lleves la salvación
hasta los confines de la tierra.
48 Al oír esto los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna. 49 Y la palabra del Señor se propagaba por toda la región. 50 Pero los judíos incitaron a mujeres piadosas y distinguidas y a los principales de la ciudad, promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio. 51 Éstos se sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se dirigieron a Iconio. 52 Los discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Pablo esperaba quizá que el cristianismo arraigara entre los judíos, de modo que la sinagoga entera desembocara pacífica y religiosamente en el Evangelio, que era su natural culminación según los planes divinos. La experiencia le dio a conocer una realidad muy distinta, y le enfrentó con el desconcertante misterio de la infidelidad de gran parte del pueblo elegido, que era su propio pueblo (cfr Rm 9,1-11,36). Sin embargo, la evangelización del mundo pagano no es una consecuencia del endurecimiento judío. Deriva, por el contrario, del carácter universal del cristianismo, que ofrece a todos los hombres la única gracia que puede salvar, perfecciona la Ley mosaica y supera los límites étnicos y geográficos del judaísmo.
Pablo y Bernabé apoyados en los textos sagrados afirman que desde ahora se dirigirán en su misión a los gentiles (vv. 46-47). Lo mismo dirán después (18,6; 28,28). Sin embargo, el libro de los Hechos muestra que se siguieron dirigiendo en primer lugar a los judíos. De esta manera, como el mismo Apóstol explica en la Carta a los Romanos, no hace sino seguir las huellas de Cristo: «Por esto, con verdad afirma Pablo que Cristo consagró su ministerio al servicio de los ju­díos, para dar cumplimiento a las promesas hechas a los padres y para que los paganos alcanzasen misericordia, y así ellos también le diesen gloria como a creador y hacedor, salvador y redentor de todos. De este modo alcanzó a todos la misericordia divina, sin excluir a los paganos, de manera que el designio de la sabiduría de Dios en Cristo obtuvo su finalidad; por la misericordia de Dios, en efecto, fue salvado todo el mundo» (S. Cirilo de Alejandría, Commentarium in Romanos 15,7).