lunes, 1 de agosto de 2016

Salvación de los justos y perdición de los enemigos (Sb 18,6-9)

19º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura
6 Aquella noche fue anunciada de antemano a nuestros padres,
para que se alegraran, conscientes de las promesas en que creían.
7Tu pueblo recibió expectante
la salvación de los justos y la perdición de los enemigos.
8 Porque con lo mismo que castigaste a los adversarios,
con eso mismo, nos glorificaste llamándonos a Ti.
9 Los hijos santos de los buenos ofrecían sacrificios a escondidas
y se imponían unánimes esta ley divina:
que los santos compartirían por igual los bienes y peligros;
así empezaron a entonar los cantos de alabanza de los padres.
El libro de la Sabiduría está hablando de la noche en que los israelitas se disponían a salir de Egipto. Los egipcios habían decretado hacer morir a los primogénitos varones de los hebreos (cfr Ex 1,15-22). Para eludir la muerte, Moisés, recién nacido, es expuesto (v. 5) sobre las aguas del Nilo en una canastilla y salvado providencialmente por la hija del faraón (Ex 2,1-10). Con la ley del talión como fondo, el crimen de los egipcios debía ser castigado con la muerte de sus propios primogénitos, «a media noche» (Ex 12,29), y también, después, con la ruina de los perseguidores, bajo las aguas del Mar Rojo (Ex 14,26-29).

En la noche pascual ocurren dos acontecimientos contrapuestos: los primogénitos de los egipcios son heridos, lo que obliga al faraón a dejar partir inmediatamente a los hebreos, que obtienen así el cumplimiento de la liberación prometida a los padres (cfr Gn 15,13-14) y a Moisés (Ex 11,4-7). Pero esa misma noche, antes de partir los hebreos, «los hijos santos de los buenos» (v. 9) celebran a escondidas en sus casas la cena pascual con carácter festivo y sacrificial asumiendo todos el compromiso de com­partir «los bienes y peligros»; de este modo actúan como pueblo consagrado al Señor y «entonan los cantos de alabanza de los padres» (v. 9). Con el tiempo, esos incipientes cantos constituirían el Hallel, un grupo de salmos que se recitaban la noche de Pascua y en las grandes fiestas (cfr Sal 113-118), y que recitará Jesús con sus discípulos en la Última Cena (cfr Mt 26,30; Mc 14,26).