21º domingo del Tiempo ordinario – B.
1ª lectura
1 Josué
reunió a todas las tribus de Israel en Siquem y llamó a los ancianos de Israel,
a los jefes, a los jueces y a los capataces, y se presentaron delante de Dios. 2a
Josué dijo a todo el pueblo:
— 15 Si os parece mal servir al Señor,
escoged hoy a quién vais a servir: a los dioses a los que sirvieron vuestros
padres cuando estaban al otro lado del río o a los dioses de los amorreos en
cuya tierra habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor.
16El
pueblo respondió diciendo:
—¡Lejos de
nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses! 17Porque el
Señor, nuestro Dios, es quien nos ha subido a nosotros y a nuestros padres de la
tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre, y quien ha hecho ante nuestros
ojos estos grandes signos; es el que nos ha guardado en todos los caminos por
donde hemos marchado y en todos los pueblos por los que hemos pasado. 18b
Nosotros serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios.
El libro de Josué es, más que un
reportaje de acciones bélicas, una extraordinaria lección de teología sobre la
fidelidad de Dios que siempre cumple sus promesas y una llamada a corresponder
a esa fidelidad. Así lo confirma el hecho de que el libro termine con la
ratificación de la Alianza,
con la renovación, por parte de la gente que ha tomado posesión de la tierra
prometida, del compromiso asumido por sus padres en el Sinaí. La ceremonia se
sitúa en Siquem. Después del prólogo histórico en el que se recuerda cuanto ha
hecho el Señor por los israelitas (vv. 2-13), Josué interroga al pueblo sobre
su determinación de permanecer fiel al Señor (vv. 14-24). Cuando todos a una
asumen el compromiso de servir al Señor y obedecerle en todo, se lleva a cabo
el rito que ratifica la
Alianza (vv. 25-27). Estos elementos aparecen en algunos
pactos hititas de vasallaje pertenecientes al segundo milenio a.C. Por tanto,
además del carácter religioso, la
Alianza tenía fuerza de ley.
La
Alianza
está en la base de la moral cristiana, pues supone comprender que Dios dirige
la historia y elige a los que han de asumir un compromiso concreto de
fidelidad: «La doctrina moral cristiana, en sus mismas raíces bíblicas,
reconoce la específica importancia de una elección fundamental que cualifica la
vida moral y que compromete la libertad a nivel radical ante Dios. Se trata de
la elección de la fe —de la obediencia de la fe (cfr Rm 16,26)—, por
la que “el hombre se entrega entera y libremente a Dios”, y le ofrece “el
homenaje total de su entendimiento y voluntad” (Dei Verbum, 5). (...) En el Decálogo se encuentra, al inicio de los
diversos mandamientos, la cláusula fundamental: “Yo, el Señor, soy tu Dios” (Ex
20,2), la cual, confiriendo el sentido original a las múltiples y varias
prescripciones particulares, asegura a la moral de la Alianza una fisonomía de
totalidad, unidad y profundidad. La elección fundamental de Israel se refiere,
por tanto, al mandamiento fundamental (cfr Jos 24,14-25; Ex 19,3-8, Mi 6,8)» (Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 66).