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lunes, 24 de septiembre de 2018

El Espíritu se reparte en abundancia (Nm 11,25-29)

26º domingo del Tiempo ordinario – B. 1ª lectura
25 Descendió el Señor en la nube y habló con él. Tomó un poco del espíritu que había sobre Moisés y lo infundió sobre cada uno de los setenta ancianos. Y cuando el espíritu reposó sobre ellos se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.
26 Dos hombres se habían quedado en el campamento, uno se llamaba Eldad y el otro Medad. El espíritu reposó sobre ellos, pues eran de los señalados aunque no habían ido a la tienda, y se pusieron a profetizar en el campamento. 27 Un muchacho corrió a referírselo a Moisés, y le dijo:
—Eldad y Medad están profetizando en el campamento.
28 Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde su juventud, replicó:
—Señor mío, Moisés, prohíbeselo.
29 Moisés le dijo:
—¿Estás celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fueran profetas porque el Señor les hubiera infundido su espíritu!
La fuente del espíritu es Dios mismo, y puede darlo a quien quiere, por encima de las determinaciones humanas. Moisés, por su parte, con total rectitud de intención, no busca la exclusividad en la posesión o transmisión del espíritu, es decir, en la recepción del don de Dios, sino que, mirando al bien del pueblo, se alegra de la manifestación del espíritu en otras personas, e incluso lo pide para todos los israelitas.
San Cirilo de Jerusalén, comentando este pasaje, enseña: «se insinuaba lo acontecido en Pentecostés entre nosotros» (Catequeses ad illuminandos 16,26).  En efecto, Dios prometió el espíritu a todo el pueblo (cfr Jl 3,1-2), y llegó el día en que cumplió esa promesa por medio de Jesucristo que, tras su Ascensión al Cielo, envía el Espíritu Santo a la Iglesia (cfr Hch 1,13). Por eso, la Iglesia, «el pueblo santo de Dios participa también del don profético de Cristo, difundiendo su vivo testimonio sobre todo por la vida de fe y de caridad. (...) Además, el mismo Espíritu Santo no solamente santifica y dirige al pueblo de Dios por los sacramentos y los ministerios y lo enriquece con las virtudes, sino que distribuyéndolas a cada uno según quiere (1 Co 12,11), reparte entre los fieles gracias de todo género, incluso especiales, con que los dispone y prepara para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y una más amplia edificación de la Iglesia» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 12).

domingo, 31 de diciembre de 2017

El Señor te bendiga y te guarde (Nm 6,22-27)

Santa María, Madre de Dios - 1ª lectura
22 El Señor habló a Moisés diciendo:
23 —Habla a Aarón y a sus hijos y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:
24 “El Señor te bendiga y te guarde,
25 el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su gracia,
26 el Señor alce su rostro hacia ti y te conceda la paz”».
27 »Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré.
Esta fórmula de bendición es una de las más antiguas que nos ha conservado la Biblia. Se alude a ella en algunos Salmos (cfr 31,17; 67,2; etc.) y era empleada por los sacerdotes en la liturgia del Templo. Consta de tres peticiones que comienzan con el nombre del Señor. Algunos autores de la antigüedad vieron en la triple invocación un preanuncio de la Santísima Trinidad. Se implora a continuación la protección de la vida, la gracia y la paz; tres dones que resumen las aspiraciones del hombre y que sólo Dios puede otorgar en plenitud.
La Iglesia ha continuado la tradición de bendecir a los fieles dentro de las ceremonias litúrgicas, y muy especialmente al terminar la celebración de la Eucaristía, para implorar sobre ellos el favor divino. Entre las fórmulas que el sacerdote puede utilizar al final de la Misa, el Misal Romano propone este venerable texto.

domingo, 10 de septiembre de 2017

La serpiente de bronce (Nm 21,4b-9)



Exaltación de la Santa Cruz – 1ª lectura
4b En el camino desfalleció el ánimo del pueblo. 5 El pueblo habló contra Dios y contra Moisés:
—¿Por qué nos habéis hecho subir de Egipto para morir en este desierto, donde no hay pan ni agua y nuestra alma no puede más con este alimento tan ligero?
6 El Señor les envió serpientes venenosas que mordieron al pueblo, y murió mucha gente de Israel. 7 Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo:
—Hemos pecado porque hemos hablado contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes.
Y Moisés oró por el pueblo. 8 El Señor dijo a Moisés:
—Haz una serpiente venenosa y ponla sobre un mástil, y todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá.
9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil, y si alguien había sido mordido por una serpiente, miraba fijamente la serpiente de bronce y vivía.
El pueblo continúa protestando contra Moisés, ahora a causa de aquel gran rodeo en torno a Edom. Pero esa protesta es, al mismo tiempo, contra Dios. Ante el castigo, Moisés se convierte una vez más en intercesor a favor del pueblo. Los sucesos a los que alude el relato pudieron tener lugar en la zona de la Arabá, donde ya desde el siglo XIII a.C. se explotaron minas de cobre. En la ac­tual Timná se ha encontrado un santuario egipcio con una serpiente de cobre, señal de que a estas serpientes se les atribuía algún poder mágico.
Este pasaje de Números es interpretado en Sb 16,5-12 donde se resalta que quien curaba no era la serpiente, sino la misericordia de Dios, mientras que la serpiente era una señal de la salvación que Dios ofrece a todos los hombres. La serpiente de bronce vuelve a mencionarse en el Evangelio como tipo de Cristo clavado en la cruz, causa de salvación para cuantos dirigen a Él su mirada con fe: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él» (Jn 3,14-15). En el Evangelio se contempla la acción salvadora de la serpiente levantada en lo alto aludiendo al levantamiento de Jesús en la Cruz y a su eficacia salvífica. Cuando Cristo es alzado sobre todas las realidades humanas, eleva todas las cosas hacia él, de modo que su glorificación es medio de curación definitiva para toda la humanidad.