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lunes, 13 de agosto de 2018

El banquete de la sabiduría (Pr 9,1-6)


20º domingo del Tiempo ordinario – B. 1ª lectura
1 La Sabiduría edificó su casa,
asentó sus siete columnas;
2 inmoló sus víctimas, mezcló su vino,
preparó su mesa.
3 Envió a sus criadas, y clama
desde la altura que domina la ciudad:
4 «Quien sea simple, venga acá».
A los faltos de seso les dice:
5 «Venid, comed de mi pan,
y bebed del vino que he mezclado.
6 Dejad la simpleza y viviréis,
avanzad por los caminos del discernimiento».
La introducción al libro de los Proverbios termina con una invitación de la Sabiduría a participar del banquete que ha preparado en su casa. La comida tiene un significado simbólico: es la enseñanza de los sabios, y la asimila quien la escucha (cfr Si 24,26-29; Ez 3).
Ese alimento prefigura el verdadero Pan de Vida (cfr Jn 4,14; 6,35) que Dios entregará a los hombres, y que es el Cuerpo del Verbo Encarnado, de la Sabiduría hecha hombre. Un antiguo autor cristiano pone esas palabras en boca de Jesucristo: «Tanto a los faltos de obras de fe como a los que tienen el deseo de una vida más perfecta, dice: “Venid, comed mi cuerpo, que es el pan que os alimen­ta y fortalece; bebed mi sangre, que es el vino de la doctrina celestial que os deleita y os diviniza; porque he mezclado de manera admirable mi sangre con la divinidad, para vuestra salvación”» (Procopio de Gaza, In librum Proverbiorum 9).
Las «siete columnas» de la casa de la Sabiduría (v. 1) podrían aludir a su perfección (el siete goza del simbolismo de cifra perfecta), pero más probablemente se refieren a las siete colecciones de proverbios que se incluyen en este libro después del Prólogo (1,1-9,18): la primera de Salomón (10,1-22,16), las Máximas de los sabios (22,17-24,22), otras Máximas de los sabios (24,23-34), la segunda de Salomón (25,1-29,27), las Palabras de Agur (30,1-14), los Proverbios numéricos (30,15-33) y las Palabras de Lemuel (31,1-9). Al ser siete las colecciones presentadas, se está simbolizando la perfección de la sabiduría enseñada en el libro, que abarca tanto la propia de Israel como la de los pueblos circundantes.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La mujer fuerte (Pr 31,10-13.19-20.30-31)

33º domingo del Tiempo ordinario – A . 1ª lectura
10 Una mujer fuerte ¿quién la encontrara?
Vale mucho más que las perlas.
11 En ella confía el corazón de su marido,
y no le faltará ganancia.
12 Le procura bien y no mal
todos los días de la vida.
13 Busca lana y lino
y trabaja con diligencia.
19 Aplica sus manos a la rueca,
sus palmas empuñan el huso.
20 Abre su palma al indigente,
y extiende su mano al pobre.
30 Falaz es la gracia y vana la hermosura,
la mujer que teme al Señor será alabada.
31 Dadle el fruto de sus manos,
y que sus obras la alaben en las puertas.
El libro de los Proverbios se cierra con este hermoso poema acróstico (la primera letra de cada uno de sus versos corresponde a las del alfabeto hebreo según su orden desde el principio hasta el final) acerca de las cualidades que adornan a la esposa ideal en el ámbito de una familia rural del antiguo Israel. Muy probablemente tiene valor simbólico. El prólogo del libro había presentado la Sabiduría personificada como una mujer que invita a todos al banquete preparado en su casa. Ahora, en esta mujer perfecta, que sabe hacer lo oportuno en todas las circunstancias concretas de la vida, queda reflejada de nuevo la Sabiduría que Dios ha dejado impresa en el orden de las cosas creadas.
En el canto aflora, por otro lado, la fuerza moral de la mujer. Comenta Juan Pablo II que esta fuerza «se expresa en numerosas figuras femeninas del Antiguo Testamento, del tiempo de Cristo, y de las épocas posteriores hasta nuestros días. La mujer es fuerte por la conciencia de esta entrega, es fuerte por el hecho de que Dios “le confía el hombre”, siempre y en cualquier caso, incluso en las condiciones de discriminación social en las que pueda encontrarse. Esta conciencia y esta vocación fundamental hablan a la mujer de la dignidad que recibe de parte de Dios mismo, y todo ello la hace “fuerte” y la reafirma en su vocación. De este modo, la “mujer perfecta” (cfr Pr 31,10) se convierte en un apoyo insustituible y en una fuente de fuerza espiritual para los demás, que perciben la gran energía de su espíritu. A estas “mujeres perfectas” deben mucho sus familias y, a veces, también las Naciones» (Mulieris dignitatem, n. 30).

lunes, 16 de mayo de 2016

Desde la eternidad fue formada la Sabiduría (Pr 8,22-31)


Santísima Trinidad – C. 1ª lectura
22 El Señor me tuvo al principio de sus caminos,
antes de que hiciera cosa alguna, desde antaño.
23 Desde la eternidad fui formada,
desde el comienzo, antes que la tierra.
24 Cuando no existían los océanos fui dada a luz,
cuando no había fuentes repletas de agua.
25 Antes que se asentaran los montes,
antes que las colinas fui dada a luz.
26 Aún no había hecho la tierra ni los campos,
ni el polvo primero del mundo.
27 Cuando asentaba los cielos, allí estaba yo,
cuando fijaba un límite a la superficie del océano,
28 cuando sujetaba las nubes en lo alto,
cuando consolidaba las fuentes del océano,
29 cuando ponía su límite al mar
para que las aguas no lo traspasaran,
cuando fijaba los cimientos de la tierra,
30 yo estaba proyectando junto a Él,
lo deleitaba día a día,
actuando ante Él en todo momento,
31 jugando con el orbe de la tierra,
y me deleitaba con los hijos de Adán.
La Sabiduría está en el origen del orden y la estabilidad del mundo, ya que está presente junto a Dios desde el principio (vv. 22-31).
En este canto, con lenguaje solemne y con figuras tomadas de la cosmogonía tradicional de Israel, se manifiesta la relación entre Sabiduría y creación del mundo y del hombre. La Sabiduría está junto a Dios en la creación y se goza especialmente en su relación con el hombre. Aparece descrita con unos rasgos personales que preparan para comprender más adelante, en el progreso de la Revelación, el misterio de la Santísima Trinidad. En el Prólogo del Evangelio de San Juan se describirá la relación entre Dios y el Verbo con unos términos que recuerdan en parte este texto (vv. 22-30, cfr Jn 1,1; v. 35, cfr Jn 1,4). La dignidad que tiene la Sabiduría en el canto de los Proverbios será atribuida a Cristo en algunos escritos del Nuevo Testamento: en la Carta a los Colosenses se le designa como «primogénito de toda criatura» (Col 1,15) y en el Apocalipsis como «principio de la creación de Dios» (Ap 3,14). En este sentido se lee Pr 8,22-31 en esta solemnidad de la Santísima Trinidad.
Desde el siglo VI se incluye este pasaje también en la Misa de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre). De este modo la Iglesia reconoce que, así como el Verbo es Dios desde la eternidad y está activo en la creación del mundo, la Madre del Salvador de algún modo también habría de estar en la mente de Dios «desde el comienzo» (vv. 22-23). «María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la Plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello, los más bellos textos sobre la sabiduría, la tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María (cfr Pr 8,1-9,6; Si 24): María es cantada y representada en la Liturgia como el “Trono de la Sabiduría”» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 721).