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La "Biblia de Navarra" en formato digital

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El próximo 17 de octubre se pondrá a la venta la edición digital de la hasta ahora conocida como "Biblia de Navarra". Incluye el texto completo en español de Antiguo y Nuevo Testamento (puede elegirse la versión española o la latinoamericana), con todas las introducciones y todas las notas de los 5 volúmenes. Es decir se trata de la obra completa en su versión más amplia. Su nombre oficial a partir de ahora es "Sagrada Biblia. Universidad de Navarra". Tanto los autores como la editorial han hecho un notable esfuerzo para que tenga un precio asequible. Se puede comprar completa por 2,99 € Desde hoy es posible reservar ya un ejemplar en iBooks (para dispositivos Apple), Google Play (para dispositivos Android), o Amazon (para dispositivos Kindle). Se puede acceder a una información más completa, o a la compra de los ejemplares a través del siguiente enlace: http://www.eunsa.es/biblia-digital-universidad-navarra/

La Biblia de la Universidad de Navarra

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La Biblia un clásico de la literatura universal. Hay en el mercado muchas traducciones de ella a todas las lenguas. Pero aun así, la Biblia de la Universidad de Navarra tiene algo nuevo que aportar. Sus conocidos protagonistas asoman la cabeza desde el interior del libro por una ventana abierta en su portada para mirar al lector en su entorno, e iniciar un diálogo. Moisés, David, Salomón, Isaías, … y Jesús, siendo ellos mismos, hablan nuestro idioma y se interesan por lo que pasa en nuestro mundo, como dispuestos a entrar en diálogo con quien toma el libro en sus manos. ¿Dónde reside su novedad? La novedad en la edición de un clásico de la literatura es como la novedad que puede suponer la presentación de un buen vino. Hay muchos vinos, de muy diversas procedencias y categorías, pero esto no impide que puedan irrumpir en el mercado tipos nuevos, con personalidad propia, de verdadera calidad. Con una novedad que reside en una adecuada conjunción de uva y de crianza, que

Confesión de Pedro (Lc 9,18-24)

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12º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio 18 Cuando estaba haciendo oración a solas, y se encontraban con él los discípulos, les preguntó: —¿Quién dicen las gentes que soy yo? 19 Ellos respondieron: —Juan el Bautista. Pero hay quienes dicen que Elías, y otros que ha resucitado uno de los antiguos profetas. 20 Pero él les dijo: —Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondió Pedro: —El Cristo de Dios. 21 Pero él les amonestó y les ordenó que no dijeran esto a nadie. 22 Y añadió que el Hijo del Hombre debía padecer mucho y ser rechazado por causa de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar al tercer día. 23 Y les decía a todos: —Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día, y que me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. Los tres primeros evangelios recogen la confesión de fe de

Os habéis revestido de Cristo (Ga 3,26-29)

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12º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 26 En efecto, todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. 27 Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. 28 Ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús. 29 Si vosotros sois de Cristo, sois también descendencia de Abrahán, herederos según la promesa. San Pablo acaba de decir en el párrafo anterior que la Ley fue dada por Dios como «pedagogo» —el criado que en tiempos de Pablo estaba para cuidar de los niños y llevarlos a la escuela— para guiar a los hombres a Cristo (vv. 23-25). Con la redención de Jesucristo (v. 26), el hombre alcanza su mayoría de edad y con ella se ve libre del pedagogo. Por la fe en Cristo y mediante el Bautismo se hace hijo de Dios y se reviste de Cristo (v. 27), «no de cualquier hermosura o de cualquier valor —glosa San Juan de Ávila—, sino del mismo Jes

Mirarán al que traspasaron (Za 12,10-11; 13,1)

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12º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura 10 Sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén derramaré un espíritu de gracia y de plegaria para que fijen en Mí la mirada. Al que traspasaron, por él harán duelo con el llanto por el hijo único; se afligirán amargamente por él con el dolor por el primogénito. 11 Aquel día será grande el duelo en Jerusalén, como el duelo de Hadad-Rimón en la vega de Meguido. 13,1 Aquel día habrá una fuente dispuesta para la casa de Judá y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza. El tiempo escatológico vendrá marcado por un profundo arrepentimiento y penitencia en Jerusa­lén suscitados por el espíritu de Dios. La causa es el haber dado muerte a un hombre muy querido  para el pueblo. El texto es oscuro en este punto pues también podría entenderse que aquel a quien traspasaron es Dios (v. 10); sin embargo, inmediatamente después se dice que el que ha muerto es un hombre por el que el pueblo hará duelo.

Jesús y las mujeres (Lc 7,36–8,3)

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11º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio 36 Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él; y entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. 37 Y entonces una mujer pecadora que había en la ciudad, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro con perfume, 38 y por detrás se puso a sus pies llorando y comenzó a bañarle los pies con sus lágrimas, y los enjugaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume. 39 Al ver esto el fariseo que le había invitado, se decía: «Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora». 40 Jesús tomó la palabra y le dijo: —Simón, tengo que decirte una cosa. Y él contestó: —Maestro, di. 41 —Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos ºdenarios y otro cincuenta. 42 Como ellos no tenían con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más? 43 —Supongo que aquel a quien perdonó más —con

Cristo me amó y se entregó por mí (Ga 2,16.19-21)

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11º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 16 Sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley , sino por medio de la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley , ya que por las obras de la Ley ningún hombre será justificado. 19 Porque yo por la Ley he muerto a la Ley , a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy crucificado: 20 vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que vivo ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No anulo la gracia de Dios; pues si la justicia viene por medio de la Ley , entonces Cristo murió por nada. Es comprensible que los fieles de Jerusalén, crecidos en la religión israelita, siguieran las costumbres judías, pero San Pablo se da cuenta del peligro de fondo que entrañaba aferrarse a esas prácticas, y por eso proclama la novedad de la fe cristiana: sólo la adh

Pecado y arrepentimiento de David (2 S 12,7-10.13)

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11º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura 7 Dijo entonces Natán a David: —Tú eres ese hombre. Así dice el Señor, Dios de Is­rael: «Yo te he ungido como rey de Israel; Yo te he librado de la mano de Saúl; 8 te he entregado la casa de tu señor y he puesto en tu regazo las mujeres de tu señor; te he dado la casa de Israel y de Judá; y, por si fuera poco, voy a añadirte muchas cosas más. 9 ¿Por qué has despreciado al Señor, haciendo lo que más le desagrada? Has matado a espada a Urías, el hitita; has tomado su mujer como esposa tuya y lo has matado con la espada de los amonitas. 10 Por todo esto, por haberme despreciado y haber tomado como esposa la mujer de Urías, el hitita, la espada no se apartará nunca de tu casa». 13 David dijo a Natán: —He pecado contra el Señor. Natán le respondió: —El Señor ya ha perdonado tu pecado. No morirás. En el párrafo anterior a éste, Natán acaba de interpelar a David con una de las parábolas más bellas del Antiguo Testamento provoca

Resurrección del hijo de la viuda de Naín (Lc 7, 11-17)

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10º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio 11 Después, marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. 12 Al acercarse a la puerta de la ciudad, resultó que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. 13 El Señor la vio y se compadeció de ella. Y le dijo: —No llores. 14 Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: —Muchacho, a ti te digo, levántate. 15 Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre. 16 Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». 17 Esta opinión sobre él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas. A lo largo del tercer evangelio se pone de relieve la misericordia de Dios hacia los necesitados y la obligación que tenemos de ser misericordiosos unos con otros (1,5

La vocación de Pablo (Ga 1, 11-19)

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10º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 11 Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio que yo os he anunciado no es algo humano; 12 pues yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. 13 Porque habéis oído de mi conducta anterior en el judaísmo: cómo perseguía con saña a la Iglesia de Dios y la combatía, 14 y aventajaba en el judaísmo a muchos contemporáneos de mi raza, por ser extremadamente celoso de las tradiciones de mis padres. 15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien 16 revelar en mí a su Hijo para que le anunciara entre los gentiles, enseguida, sin pedir consejo a la carne ni a la sangre, 17 y sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles, mis predecesores, me retiré a Arabia, y de nuevo volví a Damasco. 18 Luego, tres años después, subí a Jerusalén para ver a Cefas, y permanecí a su lado quince días; 19 pero no vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a San

Resurrección del hijo de la viuda de Sarepta (1R 17, 17-24)

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10º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura 17 Después de todo esto, el hijo de la viuda cayó enfermo, y su enfermedad se agravó hasta el punto de que al niño ya no le quedó aliento. 18 Entonces ella le dijo a Elías: —¿Qué tengo que ver yo contigo, hombre de Dios? ¿Has venido para recordarme mi pecado y traer la muerte a mi hijo? 19 Él le contestó: —Déjame a tu hijo. Lo tomó de su regazo, lo llevó a la habitación de arriba donde él residía y lo acostó sobre su cama. 20 Después clamó al Señor y dijo: —¡Señor, Dios mío! ¿También vas a hacer daño a la viuda que me ha dado hospedaje dejando morir a su hijo? 21 Se tendió tres veces sobre el niño y clamó al Señor diciendo: —¡Señor, Dios mío, que la vida de este niño vuelva a él! 22 El Señor escuchó la voz de Elías y la vida del niño volvió de nuevo a él, y revivió. 23 Elías tomó al niño y lo bajo de la habitación alta de la casa. Lo entregó a su madre y le dijo: —Mira a tu hijo vivo. 24 Respondió la mujer a Elía

Institución de la Eucaristía (1 Co 11,23-26)

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Jueves Santo. Cena del Señor – C. 2ª lectura 23 Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, 24 y dando gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en conmemoración mía». 25 Y de la misma manera, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en conmemoración mía». 26 Porque cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. En la doctrina sobre la Eucaristía que aquí transmite San Pablo emerge la importancia de la Tradición apostólica (v. 23). Junto con los textos de Mt, Mc y Lc, los vv. 23-25 constituyen el cuarto relato de la institución de la Eucaristía que conserva el Nuevo Testamento. El texto contiene los puntos fundamentales de la fe cristiana sobre el misterio eucarístico: institución de este sacramento por Jesucristo, presencia real del Seño