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Mostrando entradas de junio, 2019

Exigencias del seguimiento de Jesús (Lc 9,51-62)

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13º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio 51 Cuando iba a cumplirse el tiempo de su partida, Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén. 52 Y envió por delante a unos mensajeros, que entraron en una aldea de samaritanos para prepararle hospedaje, 53 pero no le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén. 54 Al ver esto, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: —Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? 55 Pero él se volvió hacia ellos y les reprendió. 56 Y se fueron a otra aldea. 57 Mientras iban de camino, uno le dijo: —Te seguiré adonde vayas. 58 Jesús le dijo: —Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. 59 A otro le dijo: —Sígueme. Pero éste contestó: —Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre. 60 —Deja a los muertos enterrar a sus muertos —le respondió Jesús—; tú vete a anunciar el Reino de Dios. 61 Y otro dijo:

La libertad cristiana (Ga 5,1.13-18)

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13º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 1 Para esta libertad Cristo nos ha liberado. Manteneos, por eso, firmes, y no os dejéis sujetar de nuevo bajo el yugo de la servidumbre. 13 Porque vosotros, hermanos, fuisteis llamados a la libertad. Pero que esta libertad no sea pretexto para la carne, sino servíos unos a otros por amor. 14 Pues toda la Ley se resume en este único precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Y si os mordéis y os devoráis unos a otros, mirad que acabaréis por destruiros. 16 Y os digo: caminad en el Espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne. 17 Porque la carne tiene deseos contrarios al espíritu, y el espíritu tiene deseos contrarios a la carne, porque ambos se oponen entre sí, de modo que no podéis hacer lo que os gustaría. 18 Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley. Para Pablo la libertad cristiana no significa libertinaje: la ley de Cristo confirma y profundiza el Decálogo (vv. 13-15). Cr

Vocación de Eliseo (1R 19,16b.19-21)

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13º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura En aquellos días, el Señor dijo a Elías: – 16b A Eliseo, hijo de Safat, de Abel-Mejolá, lo ungirás profeta sucesor tuyo. 19 Elías se marchó de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas de bueyes por delante; él iba con la duodécima. Elías pasó junto a él y le echó el manto por encima. 20 Él dejó los bueyes y corrió detrás de Elías diciendo: —Permíteme ir a besar a mi padre y a mi madre, y te seguiré. Le respondió: —Vete y luego vuelve, porque ¿qué es lo que te he hecho? 21 Aquél se dio la vuelta, tomó la yunta de bueyes y la sacrificó. Con los yugos de los bueyes coció la carne y la repartió a la gente para que comieran. Después se preparó y siguió a Elías poniéndose a su servicio. La respuesta de Eliseo a la llamada de Elías es ejemplar: deja todo y se pone al servicio del profeta. Así será también la respuesta de los Apóstoles a Jesús (cfr Mt 4,20.22; etc.) y así habrá de ser la respu

Dadles vosotros de comer (Lc 9,11b-17)

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Corpus Christi – C. Evangelio 11b Jesús les hablaba del Reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad. 12 Empezaba a declinar el día, y se acercaron los doce para decirle: —Despide a la muchedumbre, para que se vayan a los pueblos y aldeas de alrededor, a buscar albergue y a proveerse de alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto. 13 Él les dijo: —Dadles vosotros de comer. Pero ellos dijeron: —No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros y compremos comida para todo este gentío 14 —había unos cinco mil hombres. Entonces les dijo a sus discípulos: —Hacedlos sentar en grupos de cincuenta. 15 Así lo hicieron, y acomodaron a todos. 16 Tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo y pronunció la bendición sobre ellos, los partió y empezó a dárselos a sus discípulos, para que los distribuyeran entre la muchedumbre. 17 Comieron hasta que todos quedaron satisfechos. Y de los trozos que sobraron, ellos recogi

Esto es mi Cuerpo (1 Co 11,23-26)

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Corpus Christi – C. 2ª lectura 23 Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, 24 y dando gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en conmemoración mía». 25 Y de la misma manera, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en conmemoración mía». 26 Porque cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. En la doctrina sobre la Eucaristía que aquí transmite San Pablo emerge la importancia de la Tradición apostólica (v. 23). Junto con los textos de Mt, Mc y Lc, los vv. 23-25 constituyen el cuarto relato de la institución de la Eucaristía que conserva el Nuevo Testamento. El texto contiene los puntos fundamentales de la fe cristiana sobre el misterio eucarístico: institución de este sacramento por Jesucristo, presencia real del Señor, instituci

Ofreció pan y vino (Gn 14,18-20)

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Corpus Christi – C. 1ª lectura 18 Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote del Dios Altísimo, ofreció pan y vino, 19 y le bendijo diciendo: —Bendito sea Abrán por parte del Dios Altísimo, creador de cielo y tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo que puso a tus enemigos en tus manos. Y Abrán le dio el diezmo de todo. Como un pequeño inciso al terminar el relato de la victoria de Abrahán sobre los reyes del norte, se recoge esta escueta tradición, que muestra la relación de Abrahán con Jerusalén y su rey. En el contexto de la historia patriarcal, este episodio refleja el reconocimiento por parte de los pueblos (Salem, Sodoma) de la bendición que les llega por medio de Abrahán (cfr 12,3). En el caso concreto de Salem, se deja entrever también que allí se adoraba al verdadero Dios, creador del cielo y de la tierra, con el nombre de El-Elyón, o Dios Altísimo, y que es reconocido por Abrahán como el mismo Señor, «creador de cielo y tierra» (cfr 14,22). El pan y el vin

El Espíritu os guiará hacia toda la verdad (Jn 16,12-15)

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Santísima Trinidad – C. Evangelio 12 Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. 13 Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir. 14 Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso dije: «Recibe de lo mío y os lo anunciará». En todo el capítulo 16 de San Juan, Jesús predice que quienes no conocen a Dios Padre ni le reconocen a Él perseguirán a sus discípulos como también le persiguieron a Él y le dieron muerte (cfr 15,18-20), pero las persecuciones y dificultades que inevitablemente han de encontrar quienes siguen a Cristo no deben ser causa de escándalo ni de desánimo. Jesús habla del Paráclito tres veces en el Sermón de la Cena. En la primera (14,15ss.), afirma que será otro Consolador enviado por el Padre para que esté siempre con ellos; en la segunda (14

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5,1-5)

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Santísima Trinidad – C. 2ª lectura 1 Justificados, por tanto, por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por quien también tenemos acceso en virtud de la fe a esta gracia en la que permanecemos, y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Pero no sólo esto: también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce la paciencia; 4 la paciencia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. 5 Una esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado. La nueva vida que resulta de la justificación se realiza en la fe y en la esperanza (vv. 1-2), que tienen la garantía del amor de Dios (v. 5). Así pues, fe, esperanza y caridad, «las tres virtudes teologales, que componen el armazón sobre el que se teje la auténtica existencia del hombre cristiano, de la mujer cristiana» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios , n. 205), s

Desde la eternidad fue formada la Sabiduría (Pr 8,22-31)

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Santísima Trinidad – C. 1ª lectura 22 El Señor me tuvo al principio de sus caminos, antes de que hiciera cosa alguna, desde antaño. 23 Desde la eternidad fui formada, desde el comienzo, antes que la tierra. 24 Cuando no existían los océanos fui dada a luz, cuando no había fuentes repletas de agua. 25 Antes que se asentaran los montes, antes que las colinas fui dada a luz. 26 Aún no había hecho la tierra ni los campos, ni el polvo primero del mundo. 27 Cuando asentaba los cielos, allí estaba yo, cuando fijaba un límite a la superficie del océano, 28 cuando sujetaba las nubes en lo alto, cuando consolidaba las fuentes del océano, 29 cuando ponía su límite al mar para que las aguas no lo traspasaran, cuando fijaba los cimientos de la tierra, 30 yo estaba proyectando junto a Él, lo deleitaba día a día, actuando ante Él en todo momento, 31 jugando con el orbe de la tierra, y me deleitaba con los hijos de Adán. La Sabiduría está e

Los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios (Rm 8,8-17)

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Pentecostés – C. 2ª lectura 8 Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Ahora bien, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, ciertamente el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu tiene vida a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en vosotros. 12 Así pues, hermanos, no somos deudores de la carne de modo que vivamos según la carne. 13 Porque si vivís según la carne, moriréis; pero, si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. 14 Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Porque no recibisteis un espíritu de esclavitud para es